
1
Adopté de un amigo una tradición hermosa: inaugurar el año con un libro. El rito consiste en elegir con astucia e intuición la lectura que más convenga al sino predilecto. Esto te obliga a conectarte con tu verdadera angustia, y, por supuesto, con lo mejor de tu memoria. La lectura debe ser poderosa y agorera, profunda, inagotable; pues, según la creencia, ésta marcará el devenir. No es importante la puntualidad siempre que nos anticipemos a la luz. Cada año un libro nuevo, una página distinta. Da igual el género. Se trata de fabricar con palabras un escudo, una fe, un lugar para demorar el alma.
2
Este primer día del año se anunció recio. Una ráfaga de viento oscuro, frío, me recordó la desgracia de no tener alas. Tras él, la lluvia lenta sobre el humo aún tibio de la pólvora. Primero de enero. Como en el Génesis, los hombres duermen exhaustos, Dios habla solo. Yo me adelanté con el “Viaje a Sandino” entre las manos. Abrí mi escudo con Carta de Nicaragua a Dios leí a Orlando Araujo y fue como decirle al viento “¡Conque tú eres el 2011! Te estábamos esperando”.
3
En 1985, dos años antes de morir, Orlando Araujo celebró un encuentro con la inmortalidad allá en San Sebastián de Yalí, Nicaragua, en plena guerra del pueblo. ¿Por qué escogí este libro justo ahora? Vienen días como los que vivió el poeta en Centroamérica. Así de graves y de bellos. Y esta Biblia que es el Viaje a Sandino fue escrita desde el ángel caído, el intelectual, el poeta nostálgico, el soldado viejo; para nuestro instante heroico, para nuestro minuto de pelea. El Orlando puro que enfrentó a los Contras con su vida; a Dios con su palabra, no eludió su íntimo combate, a él fue desarmado y solo, con el espejo de su fe. Él fue otro Cristo en la trinchera y escribió sobre la tierra la estatura del grito y la canción. Fulguraciones que a veces dan los hombres de niebla. Testimonios del miedo, del frío, de la esperanza. Su palabra está escrita desde la mujer amada, el retrato del hijo, desde el futuro de lo perdido. Desde la misma piedra donde lava el uniforme y amola el cuchillo. Nos llega de la prehistoria o el presente indestructible. Desde el idioma de las ramas con sus instantes de angustia y de sosiego. Es una Biblia hecha de verdades porque los viajes no mienten. Biblia de combate para defender la patria y la belleza y otras pertenencias del pueblo. Palabras escribiéndose por dentro, como los ríos que se inventan su destino. Como los ríos que tampoco mienten. Orlando los imitó siempre desde el disparo, el argumento o la amistad. Desde las montañas de la ternura el muchacho hecho en Calderas con el barro de un paraíso mal repartido, declara la guerra a la guerra. Yo escogí su palabra para el 2011 y heredé un fuerte inubicable. Escogí el canto que no existe todavía. Aposté a la vida que sólo vive en el campo de batalla, y que está en riesgo, en combate y a la espera. Lo escogí porque, en definitiva, lo digo con él: este libro no es un libro, sino un testimonio de amor buscándose a sí mismo. De allí resultan lo fragmentos más hermosos para librar este tiempo en que la revolución nos pone a prueba y que, exceptuando la borrasca inicial, no será ni lírico ni manso para el pueblo. Comparto con ustedes algunos fragmentos que me sirven ahora de alma y de escopeta:
De Viaje a Sandino
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Nicaragua es Nicaragua bajo el peso y la culpa de Dios, un desconocido habitante de los cielos. Jesús, el Cristo, liberó por dentro al hombre ¿Qué Papa ha liberado si quiera una aldea?
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¿Cómo puede uno llegar al fondo de la vida si no sabe nadar en sus aguas?
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Hay sol y viento y vida y pájaros cantando, hay revolución y amor, todo lo demás es destructible, como la ruinas.
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Supe arriba, en el norte, en Yalí, de la muerte de Alí Primera, el cantante revolucionario, en un terrible accidente. Le dije a Teresa quién era él y en esa piedra que parece el escritorio de Dios lloramos juntos.
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Me siento triste y solo y con miedo, si junto las tres cosas nadie podrá matarme.
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Han muerto muchos y ellos viven en la sangre de nosotros. Allí los llevamos y van a seguir viviendo, que no se me atraviese nadie por delante, llevo conmigo demasiada riqueza. Va conmigo la revolución y estamos muy enamorados. Va conmigo y no hay muerte sino vida.
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Reagan es la verruga del mundo y la Thatcher, el cáncer de la vida. Juntos andan jodiendo a Nicaragua.
Seguro que si los dos se acostaran no harían el amor sino la muerte.
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Escribir es acompañarse, como alargar las manos y las uñas en lirios que van brotando y saliendo de ti y se devuelven para cubrir tu desnudez.
He dado al aire mis palabras y he sufrido, si no van juntas con el dolor y el amor y el odio, son piedras las palabras, duelo adentro.
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Sé bien que todo en mi mano es la palabra, en mi mano y en la vida, pero si no juego la vida, mi palabra no tiene sentido y andará por allí colgando de garfios archiveros ¡No!
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¿Por qué disparan tanto de lado y lado? Es malgastar un metal y unos recursos humanos y divinos que servirían para el techo de un pobre, o de muchos. Triste cosa.
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Yo disimulo el miedo escribiendo.
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Siento que un turbio lago se adueñá de mi corazón y siento un turbio corazón que me camina.
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Yo hablo aquí muy cerca de la muerte, de otra cosa. Hablo de ciencia y un arte y una música y un mundo para todos nosotros, los condenados del cáncer de la vida, tan hermana de la muerte; porque no hay muerte ni vida ni existencia sólo hay ojos que se abren y se cierran, y el mundo se va haciendo cada día bajo luz y sombra y noche y albas flores con largas travesías entre el odio y el amor.
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Carta a Dios
Mira, Señor, por mí, la luz que conozco.
Concédele a mis ojos el mundo que le has dado. Quítamelo de poquito a poco, te quiero conocer. Los viajes espaciales, las galaxias, las ciencias del barro, de tus semejantes, no sabrán dónde está tu residencia ni la divina judicatura del amor y del perdón. Sé que el amor, tu esencia, no es astro ni planeta, sino tú mismo por dentro y habitando el cuenco de uno mismo.
Yo te llevo en la palma de mi vida y sé que me haces valiente sin yo serlo, y sé que me acompañas.
Tus ministros no entienden, es tu error, son tus criaturas.
Conmigo te equivocaste en algunas cosas, tú, lejano poeta del espacio. soy tan tuyo que voy conmigo y van conmigo criaturas tuyas que llevan, portan, corren y usan fusiles para defender tu reino, el de la libertad del hombre y de los pueblos.
Así fue en Venezuela y en tu América con Simón Bolívar, en la otra américa con Lincoln, en Cuba con Martí, con el Ché y con Fidel. En Nicaragua con Sandino, con fonseca, con Israel y con todos los caídos que alimentan el fuego de los que aquí luchan y mueren para seguir venciendo, aniel entre ellos, caminando tranquilo y fuerte ante leones.
Protégelos señor.
(Orlando Araujo. viaje a Sandino. Editorial El perro y la Rana 2010)