Juan Calzadilla: Especialista en toda clase de ambigüedades
Uno
de los mejores escritores de este país no requiere prólogo. A fe de que todo lo que se diga
en su representación constituye una
injusticia o, en el mejor de los casos, mera tautología. Quizá por ello Juan
Calzadilla no me dejó espacio blanco donde advertir su inteligencia y esa
magistral forma que el tiene de insubordinar esos objetos que unos llaman palabras. A ellas,
a su desorden concertado, ha sobrevivido. Por ello su obra se hizo perdurable a
pesar de que lo perdurable carezca hoy de vigencia. ¿Qué tengo yo que agregar a la
historia de un sujeto que vive tachando su biografía con libros más vivos y
diestros que él mismo? Nada. Señalo con el dedo la ruta de sus respuestas y, ya que
la crítica le ha negado (surrealistamente) el Premio Nacional de Literatura,
que los lectores hagan su trabajo.
Sr. Juan Calzadilla ¿quién es usted en realidad?
La carga de dobles que uno lleva a cuestas es pesada y
no deja ver bien el camino ni la perspectiva desde la cual percibirnos tal como
somos. Dada la imposibilidad en que me encuentro de abordarme desde afuera para
tener así una idea bastante objetiva de mí mismo me veo impedido de hablar de
mí como de un solo sujeto, plenamente identificado. Sin contar que a veces nos convertimos sin
saberlo en otros. Y en algunos casos también en monstruos.
Si usted fuera un perro qué pensaría de los hombres?
-Ya
lo dije en cierta oportunidad en que, llevado por las circunstancias, a punto
de ser mordido, en retaliación escribí estos pésimos versos dedicados a un
perro:
El trato con los demás es como el ladrido del perro.
Hagas lo que hagas para entenderlo, te es ajeno.
El ladrar tiene, sin embargo, ciertas ventajas:
Va en una sola dirección, del perro a ti.
En cambio, el trato con los demás
exige una respuesta:
Quiere que tú también ladres.
¿Por qué abandonó la realidad?
-Fue
ella la que me abandonó. Justamente cuando, confundiéndola con un cobrador, le
espeté la frase de Fernando Pessoa: “Realidad, vuelve mañana”. Y no volvió más, ni mañana ni nunca.
¿Qué ilusión mantiene intacta?
-La
de faltarle el respeto a la ilusión misma. También la ilusión de que si me
fuera dado volver a hacer las mismas cosas, las haría de otra manera. Casi
diría que de forma contraria para evitar el error que cometí creyendo que como
las hice mejoraba la situación a mi favor. Pero no fue así. Las hice peor a
como hubiera podido hacerlas en la reencarnación.
¿Cuál es su idea de la infelicidad perfecta?
-César Vallejo dijo a este respecto algo interesante: “Murió
mi eternidad y estoy velándola". Quizás desde esa perspectiva el poeta
puede tranquilizarse pensando en que hay un punto de lo peor desde el cual es
imposible seguir avanzando más hacia abajo.
¿Qué valor tiene para usted la soledad?
-Depende
del momento a que usted se refiera. Para
el trabajo Intelectual constato que necesito de ella cuando requiero espacio
para poder concentrarme en una tarea profunda, como escribir un poema o vagar
libremente por un parque sin pensar en nada como creían los surrealistas.
¿Para qué sirven las fronteras literarias?
-Podría
dárseles mejor función a los géneros si se rompieran sus fronteras, a fin de hacer de lo que se escribe una
disciplina nueva, transdisciplinaria,
abierta. Por ejemplo, el hecho de
que se pueda escribir sin abrigar el propósito de que lo que se escribe
sea un poema o un cuento y que no te detenga el prurito de la brevedad, la
extensión, la definición del género
literario ni el concurso literario.
Y
poder navegar por todas las posibilidades que te permita el lenguaje
De cumplirse al pie de la letra la profecía Maya ¿con
quién no le gustaría asistir a la hecatombe?
-El mérito en cuanto a
desafección respecto a un político nefasto, morbosamente genocida y criminal y
el más activo en este momento, pareciera tenerlo la señora Clinton. Con ella sólo se
podría ir al infierno.
¿De los clásicos cuál no pudo terminar de leer?
-Todos. Pues ninguna
lectura se agota en el cuerpo del texto. Y más en el caso de los
libros clásicos, mientras más se
leen más se dificulta entender lo que sus autores ha querido decir. Y en
averiguarlo se puede ir la vida entera. Entienda usted que son libros polisémicos,
infinitos.
¿Que representa para usted el surrealismo?
-Nietzsche tiene a
este respecto un aforismo muy revelador para alguien que como él estuvo lejos
de conocer y practicar el surrealismo:
“La absurdidad es de la índole misma de las cosas”.
O sea que la realidad
es surrealista.
¿Y usted que representa para el azar?
-Más bien es el azar
el que representa para mí. Ya que es el dios mayor. El que decide sobre todas
las cosas.
¿Por cuál ofensa se batiría en duelo?
-Por algo así
como la osadía de atreverse a comparar a
uno con un genio. Cuando en una oportunidad un entrometido se acercó a Borges y
le sopló al oído: “Maestro, de usted dicen que es un genio”, Borges, ofendido,
le respondió: “eso son infamias”.
¿Cuántos espejos tiene en su casa?
-Por ahora uno solo, de forma ovalada y enmarcado en el tipo
de bejuco ondulado que se emplea para las mecedoras vienesas. Lo malo es que la
capa de mercurio está permanentemente empañada. Y no he podido verme reflejado
en ella sino como un borrón.
¿Qué tristeza justifica su humor?
-Ninguna. Salvo el
humor mismo, que de por sí es triste.
En el amor
¿qué es más importante: un buen diccionario o un plato de lentejas?
-Creo que podría
ensayarse con esa asociación una fórmula
parecida a la definición que de la
poesía dio Lautreámont: El amor es el
encuentro de un diccionario con un plato de lentejas en una mesa de disección.
Dicen los poetas que usted es un gran dibujante.
-Es sencillamente por
sacarme de la competencia.
Los pintores dicen que mejor haría usted ocupándose de la poesía.
-Es para evitar que
les quite la mano. Y me envíen a alguna bienal sin tener de mi parte argumentos
cómo justificarlo. Esto acabaría con mi carrera.
Los lingüistas lo acusan de haber dejado las palabras
inservibles
-Por palabras inservibles
entiendo que son aquellas que han dejado de tener uso en la conversación
corriente. Buenas para los ejercicios de poesía retórica. Y para la buena poesía que sigue manteniendo su prestigio a costa del hecho,
como decía Whitman, de estar escrita por buenos poetas.
Sus amigos del planeta tierra han muerto ya (sentido
pésame) escriba el epitafio de la especie.
-Están muertos y no se
puede decir que es como el acabose final donde todo para ellos tuvo fin.
Están muertos y más bien parecieran dormir, como si nada de lo que su sueño
abandona, como si lo que dejaron entre nosotros: Alegrías penas y todo lo demás
no tuviera importancia ni valiera el grave esfuerzo de morir.
¿Cuál es el defecto que más le ha costado ocultar?
-La inconstancia. No he
sido perseverante en nada que supusiera hacer la misma cosa más de una vez. Puede notar que
mis libros no son sólo desiguales, en caracteres, formato y en temática, sino
que lo que digo en ellos es siempre distinto a
lo que dije en los otros libros a
pesar de que pudiera parecer que son una copia fidedigna de lo que ya
dije. Llego a un resultado, cambio de
tema y me abalanzo hacia una puerta sin salida.
¿Qué es lo peor de no ser un pájaro?
-El hecho de que uno
tenga que limitarse a pensar que volar es sólo imaginable para quien nació sin
alas. He repetido mil veces que no envidio el vuelo de las pájaros sino su
manera de ser libres.
En qué momentos se arrepiente de ser un poeta
-En casi todos los
momentos. Partiendo de la idea de que hay dos maneras de ser poeta: Una: se es
poeta solamente en el momento en que se escribe el poema. Y otra: Nadie es
poeta antes de morir.
¿Lo peor de nuestra poesía?
-Que se escriban
poemas como por una obligación contraída con el hecho de que ya se es autor de
un primer libro. Como un acto absolutamente rutinario y doméstico. Desprovisto
de alas.
Lo peor de nuestra
poesía consiste en que su valoración y aprecio se cifra en la obra de aquellos
que han ganado méritos y no de quienes tienen talento para alcanzarlo.
¿Cuál es su mayor frustración?
-Que de viejo tenga
que ocuparme de hacer lo que ya había hecho de joven. Por ejemplo, dirigir un
museo, administrar personal, tomar decisiones sobre lo bueno y lo malo ser
jurado de los concursos y lector en un festival de poesía. Labores todas
anticuadas y, peor aún, desprestigiadas.
¿De qué se siente orgulloso, en cambio?
-¿De qué me siento
ufano? De poseer un currículum muy breve. Como éste: Juan Calzadilla: sujeto
complicado, nacido a mediados del siglo
XX. Especialista en toda clase de ambigüedades.
¿Iría al lecho de amor si tuviera que traicionar sus
ideales?
-Siempre que pudiera
pensarse que los ideales son el verdadero amor.
Si gana la derecha venezolana y a usted lo extraditan
bajo los cargos de insubordinación a la estupidez ¿Qué libro se llevaría a
Guantánamo?
-El que iría
escribiendo por el camino en el pasaje entre la celda y la guillotina.
Qué es lo que más abomina de este tipo de entrevistas
-El que uno, como
entrevistado, no pueda salirse de las casillas.
Para los jóvenes poetas le pido escriba el onceavo
mandamiento de la buena poesía.
-Manda al diablo: la versificación y la métrica. La
impostación y la retórica.